Aún no se ha estrenado y ya conocemos a Malamadre mejor que su propia madre (valga la redundancia). Los medios se han volcado con la última película de Daniel Monzón con Luis Tosar de protagonista. Que si es una obra maestra, que si el guión y la actuación, que si debería haber ido a los Oscar... id acostumbrandoos al machaconeo de los medios porque va a ser constante. Nosotros no podemos sustraernos a esta corriente a pesar de que ni la hemos visto ni nos han dejado entrevistar a su protagonista (a pesar de nuestra insistencia). Nos llegaron a decir que estaba en la selva sin ningún tipo de comunicaciones, aunque esto no le ha impedido atender a todas las radios y televisiones que se han interesado en él. ¿Nos tendrán miedo esos tunantes? Eso es bueno. Pero el caso es que todo parece apuntar a que estamos frente a la gran película española del año. Sí, luego está Ágora también, pero vamos... que no.
¿De qué va? Un funcionario de prisiones se enfrenta a todo un motín carcelario en su primer día de trabajo. Para sobrevivir tiene que hacerse pasar por preso, aprovechando una celda que había quedado vacía. Eso es empezar con mal pie y no lo de tirarse un cuesco en la primera comida con el jefe.
Lo mejor. Por lo que vemos en el tráiler de arriba y lo que hemos podido leer y oír, la actuación de Tosar es antológica. El tipo se ve transformadísimo en su aspecto, su mirada y hasta en su voz. Toda una lección. Los primeros comentarios vienen a decir que no parece una película española. Nos duele decirlo, pero eso podría ser lo mejor. Por lo visto es dura, honesta, salvaje y sin concesiones, como la propia cárcel.
Lo peor. Tanto oír hablar de ella con elogios nos hace sospechar... somos así. Y aún recordamos antecedentes como Alatriste o Ágora. Buenísimas películas ambas, o eso decían. Pero seguimos recomendando ir a verla. Igual que recomendamos comerse un bocadillo de chorizo (cular, de pamplona, revillero, ibérico... todos están buenos).